miércoles, 31 de octubre de 2012

De mantas y amantes...

Los primeros rayos de luz se empiezan a colar por la persiana. La mañana empieza a envolvernos y con ella el frío. Esa frialdad okupa, que te recorre de píes a cabeza para acabar alojándose en algún lugar del pecho. Respiro. Y dejo que la helada me invada...
La oscuridad aún permanece suspendida en el aire, impasible, casi estática. Veo las motas de polvo flotando en el ambiente, las risas de a penas hace unas horas, el aroma de sus besos y algún que otro sollozo ahogado. Pequeños detalles que conforman una fragilidad compartida. Cuanto esconde está penumbra. Cuanto, escondemos bajo estás mantas.
Duerme a pocos centímetros de mi, inocente y con la respiración pausada. Cómo si nunca se hubiera precipitado contra mis labios de forma casi inconsciente. Rozábamos casi lo irracional, asomándonos cada noche al abismo como si fuésemos eternas. Libres de toda culpa, de todo pensamiento. Mil dudas aparecían, cientos de miedos lo intentaron pero vi como uno por uno acababan muriendo entre nuestras piernas entrelazadas. Bajo las mantas.
Le acaricio los hombros, me deslizo hasta su mejilla y observo como abre los ojos. Sonríe y yo, me impaciento por un beso. Vuelvo a sentir esa intensidad que me oprime el pecho, es la certeza que me dice que soy suya; mi dulce condena de ojos rasgados ¡Despierta! Bésame y desayunémonos despacio, como si este momento fuese el último. El único. Nuestro. Porque pueden haber otras caras, otros cuerpos y otras mentes entre las sábanas pero jamas se asemejaran a esto que tenemos en este preciso instante. Adictas a una mutua destrucción, salvadas por unos sentimientos tan fuertes como devastadores, unidas por cicatrices que son como puentes.
Ahora, cierra los ojos; me agarra fuerte de la cintura y me cubre la cabeza con el edredón. A modo de crisálida, es esto lo que nos protege. Nos respiramos. Y empezamos adentrarnos en una maraña de sueños, lugares que huelen a nuevo, cáusticos sabores, vestidos de flores, cafés, palomitas y la promesa de no volver a perdernos, en esta vida. No queremos ver la luz al final del túnel, no necesitamos un más allá. 
Sólo esto, un aquí, un ahora; sin pedirnos nada a cambio. Sé que soy tu amante preferida y quizás hoy, pueda confesarte cuantas horas le debo a tu cama. O tal vez, prefiera seguir siendo eterna unos minutos más.

Dejándome llevar por estos placeres que aunque, a veces, nos desgarren los costados; inevitablemente nos arrastran.



No hay comentarios:

Publicar un comentario