domingo, 23 de diciembre de 2012

Quiero llenarte de primavera

Deshójame el corazón como si no estuviese recubierto por alambre de espino y ramas secas. Deshójame la piel como si las ganas no te dejasen respirar. Deshójame como si las lágrimas te quemaran. Deshójame las cicatrices sin miedo a mancharte de tristeza. Deshójame con susurros. Deshójame entre las promesas que nos hicimos. Deshójame los labios con tu boca. Deshójame antes de que me astille los dedos, en viejas barras de bar. Deshójame después de hacerte el amor. Deshójame con palabras y anhelos. Deshójame como si yo fuese el pintor. Y tu la musa. Deshójame cuando te humedezca los muslos. Deshójame con la eternidad entre los dientes. Deshójame llena de vida. Deshójame lento. Deshójame a modo de homicidio. O en forma de suicidio. Deshójame las flores de mi jardín. Deshójame con uñas y besos. Deshójame para no marchitarnos.

Pero sobretodo, deshójame por el resto de tus días.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Entre tus costillas

                       
"La definiría como a la Italia del Siglo XV.Ella es como era entonces esa Florencia engalanada, bella hasta doler"

Le sentaba tan bien la luz de las velas en medio de toda esa oscuridad que no pude decidir si quería dormirme observándola, o no volver a conciliar el sueño jamás; con la esperanza de que esa imagen se dilatase en el tiempo y en mis retinas.
Esa noche las dos buscábamos algo eterno. Nos buscábamos. Las cosquillas y las tristezas. Las cicatrices y las heridas abiertas. Con los ojos cerrados. Las piernas abiertas.
Dos miradas bastaron para enredarme entre sus huesos. Sin agujas de plata ni cordeles de seda me cosí a su piel; apreté con fuerza los hilos, esperando a que se convirtiesen en cadenas. Hasta que doliera.
Ella. Yo. Y una lluvia de pequeños destellos entre las dos.
El peso oprimiéndome el pecho, latidos como balas en la sien y sus palabras, suaves y razonadas. Amontonándose en mis oídos. Aglomerándose en los ventrículos impidiendo que mi corazón continuase bombeando sangre.
Algo dentro de mí se paralizo. Sus palabras me encañonaron el pecho, disparando a quemarropa; me arrojó un "perdón" entre las clavículas, golpeando a un corazón desarmado. Aliviando así, la sed de mis fantasmas. Que en noches como esa más que espectros eran temores encarnados. El temor producido por sus manos acariciándome los errores pasados. Las ganas. De. Y después el llanto.
Las velas se habían ido apagando. Consumidas por el calor de nuestros cuerpos y una noche oscura. Tú ibas cerrando los ojos y yo, me iba encerrando entre los huesos de tus costillas. Refugiarme en ti, inundarte el corazón de lágrimas sin que te desveles.
Partirme en dos, y darte una mitad. A sabiendas de que te pertenecen las dos.
Empapadas en llantos, sudor y risas; abrazarme a ti y seguir con el resto de nuestra vida.