miércoles, 23 de enero de 2013

Ingeniería emocional a los píes de su cama

Entre sus ventrículos construyó puentes,
de mármol blanco y ladrillos rojos.
Con la esperanza, de quién no espera nada,
a que alguien se atreviera a cruzarlos.
Estaba todo pensado,
y las posibilidades de su lado.
A riesgo de perderse,
los latidos eran los que marcaban el camino.
De las clavículas al ventrículo derecho.
Todo recto y sin desviaciones.
Porque no todos los caminos 
son de baldosas amarillas,
ni llevan a Roma.
Pero aún así, 
merecen la pena ser recorridos.
Ella, curva entre rectas.
Está hecha para que se escriba poesía 
en sus muros.
Y, en descenso.
Quizás haya destinos
que no se anuncien en las guías,
que no estén hechos para encontrarse. 
Sino para perderse.
Quizás aún existan lugares en los que no se admiten turistas.
Su corazón fue diseñado para estancias largas.
Sin importar las distancias.
Que no se trata de un corazón coraza.
Se humedece con cada nota de piano.
Se ahoga con cada río de tinta,
que lleva su nombre.
Se desnuda como si la deshojaran.
Ella, es una calle poco transitada. 
Una desviación. 
Un hueco en tu pecho.
Una musa en la cama,
del violinista en el tejado. 
Un precipicio. 
Una caída.
Un cruce de miradas.
Un semáforo en ámbar,
y un par de labios que resbalan.
Entre piernas que se enredan.
Que hechizan,
sin truco. 
Pero, con mucha magia.
Ingeniería emocional,
a los píes de su cama.

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