jueves, 11 de octubre de 2012

Un acto de desamor...

" Traspasó sus propios límites, no se percató tan siquiera de que estaba quebrantando la única promesa que le hizo: No enamorarse de ella. Actuaba con brutalidad; los gestos contenidos durante tanto tiempo estaban tomando forma, sus ojos envenenados por su propia realidad se oscurecieron y sus labios estaban llenos de carmín ajeno. Como si de una grotesca obra de arte se tratase, los movimientos de aquella escena eran delicados a la par que contundentes. Un irónico tango. Una oscura belleza que residía en aquel  indómito cuerpo herido y enajenado. Cada impulso, cada estimulo, cada jadeo de cada grito,cada lágrima que resbalaba violentamente como un torrente de aguas turbias, cada sollozo, cada desgarro; todos y cada uno de aquellos gestos tenían algo de hermoso; todos y cada uno de ellos emanaban cierta armonía. Aquella criatura entrelazó el más sombrío de los desencantos con la más atractiva de las penas. "
Agarrándola con fuerza la empotro contra aquel espacio ligeramente acristalado. Deslizó los dedos por sus labios y pasando por su cuello se detuvo en las clavículas. Como si de un balancín se tratase arrastraba los movimientos bajo sus yemas, de un lado a otro, oscilando entre aquellos dos huesecillos afilados. Finalmente, serpenteo hasta unos pechos turgentes. Tenían la medida exacta, la forma perfecta que se adaptaba al dorso de sus manos. Los apretó con fuerza, con aquellas garras carentes de tacto. Fue entonces cuando sintió los latidos de un acelerado corazón; bajo la piel, tras aquellos delicados senos se escondía, efectivamente, el eje de todo organismo. Lo que muchos deseaban poseer y apenas unos cuantos podían llegar a traspasar.
Lo sintió tan intensamente, que llegó a estremecerse pero antes de que el miedo se hiciera con el control de todo su resquebrajado y maltrecho cuerpo; le abrió las piernas con violencia y con cierto detenimiento la observó. Se deleito en ella, en esa pequeña criatura de pálida piel y labios temblorosos. Y empezó a sentir como el deseo carnal lo invadía todo. Se postró de rodillas ante su víctima, le acarició las piernas, le entreabrió el sexo, sintió su calidez y su amargura. Su olor, sus formas y su humedad.
A modo de rendición y estando a  sus  pies, aquellos ojos agotados la miraron por última vez; pero esa mirada no se prolongó en exceso. Había algo en esa colisión de pupilas que le causaba demasiado dolor. Así qué se alzó frente a ella; y sintiendo aun el sabor amargo en sus labios. Cerró los ojos y embistió contra ella. Se introdujo casi a traición. Sin previo aviso. Fue cruel, hermoso, despiadado... Irreversible.
 Se incrustó en cada uno de sus recovecos al igual que ésta hizo con ella, tiempo atrás. Violó a Tristeza y  con ello juró que sería suya para siempre.

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