sábado, 3 de noviembre de 2012

Los versos robados de Shakespeare

¿Alguna vez te has preguntado si los ciegos sueñan? Probablemente nunca lo has hecho. Pero sí, una persona ciega sueña. Sueña con sonidos, con olores e incluso con recuerdos.
Por eso creo que está noche voy a quitarme la cuenca de mis ojos, hoy ni azules ni morados, dejaré que me ciegue tu luz por unas horas. Y que me invadan los recuerdos en forma de sueños, desatándose todos ellos alrededor de mi cama. Por encima de mi almohada unos andarán y otros se posarán en mis oídos para hablarme de ti y del placer que, a veces, es un recuerdo.


Me hablarán de esa niña que se enamoró de unos ojos tristes, me hablarán de esa mujer que es hoy. De sus manos y de como sus dedos se pasean por mi espalda. Y de como su voz, desnuda cada palabra con su dulce entonación. Solamente ella, esclava y señora de las palabras, es capaz de desdoblar cada letra de cada frase para arroparme en las frías noches.


Baudelaire y Nabokov, se convierten en sus sastres, ellos crean lo que se le antoja a la mujer niña. Ella, sólo diseña versos con la finalidad de hilvanarlos a la piel de su amada. A mi piel. Me envuelve en letras y sensaciones inconfesables. Enciende mi deseo y mis ganas de amar.

Esa mujer niña, hace que me quite los ojos para que sus recuerdos tengan un lugar donde adherirse cada día. La sensación de sus labios al rozarme, provoca un cortocircuito en mi pecho; dejándolo así entre abierto para que esa dama ya mujer, se sirva por sí sola.

Al igual que un mini-bar mi cuerpo se abre a Ella para que se de un festín, una barra libre de emociones mezcladas con hielo.

Para esa Dama que hace que mis sueños sean tan tangibles, que cada mirada se haga pasto de mis más intensas fantasías...

 Para Ella, mis sueños no entienden de límites.

                                             

En la cuenca de mis ojos cada día la espero cuando distancia se interpone entre nuestros cuerpos. Y menos mal, que es sólo eso.

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